Watch us sell it

El camino de un grupo de rock para dejar poso en la historia de la música pasa, invariablemente, por saber crear una imagen atractiva. Nos guste o no, esta imagen (o la falta de la misma, que también está muy estudiada en algunos casos) ha decantado la balanza a lo largo de la historia a favor de las bandas que han aportado un extra a su música y las ha convertido en objetos de culto.

El caso de Kiss ha demostrado que una imaginería demoledora puede cubrir las carencias musicales más grandes y convertirles en el tipo de grupo por el que uno se dejaría cortar un brazo. A pequeña escala, aunque en Estados Unidos hayan llegado a ser masivos, lo que distinguió a Devo del resto de grupos surgidos entre el punk y la new wave fue, además de una inteligencia y sentido del humor fuera de lo común, la creación de un universo propio cargado de personalidad y un aspecto completamente icónico. La mercadotecnia desplegada por la banda de Akron desde su vuelta activa a los escenarios hace un par de años ha motivado que el aficionado pueda hacerse (por un precio nada módico, por cierto) con algunos de los iconos que han sido objeto de sueños húmedos por parte de los aficionados a la imaginería del grupo. Desde los trajes amarillos que llevan en escena hasta los míticos «energy dome», aunque yo echo en falta que sigan vendiendo los «New Traditionalist Pomp», los tupés calcados de JFK que utilizaron durante la gira del mencionado disco.

Aún hay más: una joya que no se le debe escapar a ningún aficionado: Devo Obsesso, un demencial catálogo de memorabilia de-evolucionada.

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