Terrorismo Pop

Tony Wilson nunca se cansaba de decirlo. Cada vez que escuchaba a un periodista acusar de fascistas a Joy Division, Wilson apelaba a la ignorancia del susodicho blandiendo el arma del situacionismo.

Se puede comprobar en 24 Hour Party People y siempre lo defendió: la libre asociación entre el continente y el contenido, tomar nombres como Joy Division o Durruti Column y situarlos en un contexto totalmente diferente hasta quitarle su significado. Esto, por supuesto, no era nada nuevo. El punk, surgido unos años antes, tení­a mucho de este concepto artí­stico. Las imágenes de Siouxie o Sid Vicious con brazaletes nazis no eran más que pura provocación a costa de utilizar los sí­mbolos más temidos y repudiados del siglo pasado. Esto no es nada raro si tenemos en cuenta que el punk se lo inventaron unos estudiantes de arte como Vivienne Westwood y Malcom McLaren para destruir el status quo del rock de finales de los setenta con una gran bofetada musical, estética y social. Y vaya si lo consiguieron.

Algo parecido debió pensar Luke Haines (The Auteurs, Black Box Recorder) cuando decidió sacar un disco en 1996 bajo el nombre de Baader-Meinhof. Haines, uno de los talentos musicales británicos menos reconocidos de la década de los noventa, siempre se ha caracterizado por ser un agitador de conciencias en un paí­s muy poco dado a la autocrítica. Ferviente admirador de los tabloides y de la cultura (bueno, más bien incultura) popular, los textos de sus canciones han podido ser más crudos o más irónicos, pero siempre con el dedo bien metido en la llaga. Haines utilizó el nombre popular con el que se conocía a la Rote Armee Fraktion (Fracción del Ejército Rojo), la organización terrorista de izquierda radical más activa de la Alemania de posguerra. El nombre Baader-Meinhof le vino dado por la prensa de la época, y se trata de la unión de los apellidos de sus dos componentes más significativos. A finales de los setenta, algunos sectores veí­an en los ideales de la banda una lucha romántica en pos de los ideales de la izquierda y el azote de los criminales del antiguo orden alemán. La muerte de sus lí­deres en extrañas circunstancias mientras se hallaban en prisión no hizo más que aumentar la leyenda e iniciar su reconversión en icono de la cultura popular alemana. El disco de Luke Haines, según su propio autor, no pretendí­a hacer en ningún momento apologí­a del terrorismo, sino ser un album conceptual sobre el terrorismo desde la irrespetuosidad y la provocación, no desde la corrección polí­tica.

El disco de Haines no es más que un ejemplo de las referencias a la Baader-Meinhof. En Alemania existe un fenómeno denominado Prada-Meinhof, o lo que es lo mismo, la adopción de la estética de los terrori­stas al mundo de la moda. La revista Tusse Deluxe, por ejemplo, publicó un reportaje fotográfico de moda inspirándose en el secuestro de Hans-Martin Schleyer, el presidente de la Federación de Industrias Alemanas. Hace unos años, una exposición en Berlin levantaba las ampollas de la clase polí­tica más conservadora mientras en la calle, las camisetas con el logo de la RAF se siguen luciendo como quien lleva una de los Ramones. El cine, obviamente, también ha reflejado la historia, y no solo desde el punto de vista del drama. La pelí­cula Baader, premiada en el Festival Internacional de Cine de Berlí­n en 2002, recibió muchas crí­ticas por mostrar una visión encantadora de la época y del personaje de Andreas Baader. La más reciente Der Baader Meinhof Komplex (2008) no acababa de romper el mito, dado que los presentaba directamente como estrellas de rockOtras referencias a terrorismo (o puntualizando en algunos casos, a lo que algunos consideran terrorismo) más recientes las podemos encontrar en la pelí­cula alemana Los Edukadores o en las letras e imagen de la artista M.I.A. (hay que recordar también que su padre pertenece a los Tigres Tamiles, el principal grupo que reclama la independencia de Ceylon Tamils (Sri Lanka). Por supuesto, este grupo se encuentra en la lista negra de los Estados Unidos). Todos estos ejemplos, en mayor o menor medida, siguen desatando las mismas estúpidas preguntas. ¿La respuesta? Hable con Tony Wilson.

Alan McGee, fundador de la discográfica Creation y personaje de sobra conocido por ser mánager de Oasis y otros grandes grupos británicos, reveló hace un par de años que Malcom McLaren (él, otra vez él) le habí­a pedido dinero para financiar un proyecto que consistía en viajar por todo el mundo grabando los cantos de lucha de organizaciones terroristas con vistas a editar un disco. McGee se lo tomó a cachondeo y le argumentó que no le harí­a gracia tener «grupos de encapuchados viniendo a la oficina a cobrar royalties», pero con los antecedentes de McLaren, algo me dice que estarí­a dispuesto a hacerlo y dar un paso más en la definición de punk.

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