Vuelve a entrar

Si Let The Right One In (Thomas Alfredson, 2008) tuviese la capacidad de defenderse por sí misma, podría aplicar aquello de «pero que público más tonto tengo». Gran parte de los exégetas de esta película, entre los que me cuento, la elevaron durante meses con discursos equivocados, hasta hacerla verdaderamente aborrecible. La película sueca era una cinta de terror, de terror a cámara lenta, contemplativo y sofisticado, vale, pero de terror al fin y al cabo. Ha tenido que ser la versión americana del mismo libro, Let Me In (Matt Reeves, 2010) la que ponga las cosas en su sitio y evidencie, escribiendo con letra mayúscula y muy recta, lo que la sueca susurraba a sus, repitámoslo, tontos espectadores. Lástima, pues, que la taquilla haya fuesen tan pobre y que su breve paso por las salas del país provocase que algunos residentes de provincia (me incluyo de nuevo) tuviésemos que esperar al mercado doméstico, para disfrutarla. Disfrutarla mucho.

Tomando la historia como un bucle, Let Me In podría ser incluso una hipotética segunda parte de Let The Right One In. Otro sirviente sometido, otra víctima y vuelta a empezar; una vuelta de tuerca al clásico encantamiento del vampiro, esa hipnosis que hace que sus víctimas caigan rendidas y sean capaces de cualquier cosa, como matar para que el otro pueda vivir; llevándolo hasta las últimas consecuencias. He aquí un grave error. Los que han querido ver una historia de amor, un «Crepúsculo para gente lista», una actualización del «Pequeño Vampiro», no pueden estar más equivocados. La relación entre Owen y Abby, como la que había entre Oskar y Eli, no es una historia de confuso y doloroso romance adolescente entre dos inadaptados; es una radiografía del vampirismo, todo lo cruel y bello que ha sido siempre el mito, y que la convierte en un referente del género. Sí, del género.

La revisión de Reeves revela no pocos aciertos con respecto a la fuente original. Es cierto que, pese a que ambas están basadas en una obra escrita con anterioridad, hay un primer referente audiovisual con peso. Pero la americana no se queda en un mero calco pasado de vueltas. Uno de estos aspectos, y en los que la supera ampliamente, es en la creación de un ambiente de pesadilla, una comunidad nada idílica en una América podrida. Donde la sueca sólo transmitía aislamiento, Let Me In es directamente asfixia y opresión, un escenario en el que la nieve no es blanca, está sucia. Los cambios en el montaje, comenzando por una escena inicial sabiamente escogida, no hacen sino dinamizar la película sin restar un ápice de la capacidad de fascinación que poseía la primera versión. Lo hace, además, demostrando que no es que Let The Right One In huyese desesperadamente del género, sino que quienes la vieron, por un estúpido complejo, prefirieron mirar hacia otro lado.

Obey!

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El blog Superpunch lleva toda una semana desvelando los mejores y más peculiares disfraces de Halloween. Mi noche, a buen seguro, mejoraría x1000 de habérseme ocurrido algo remotamente parecido a la maravilla que ilustra esta entrada. Es más, con una camisa blanca, un jersey al hombro y raya en el pelo sería, incluso, una perfecta metáfora de lo que nos espera en el post-20N; el win-win de cualquier fiesta.

I <3 Hitler

Es el signo del nuevo siglo, la revolución tecnológica de la que habla la tele y reflejada en la ficción moderna. En Cloverfield (Matt Reeves, 2008), los neoyorkinos echaban mano de sus dispositivos móviles para filmar cómo la cabeza de la Estatua de la Libertad les era lanzada cual pelota de béisbol. La undécima encarnación de El Doctor también lo apuntó cuando apenas había comenzado a dar sus primeros pasos y unos alienígenas pretendían hervir el planeta. Cuando llegue el fin, la raza humana sacará un teléfono antes de echarse a correr.

Mientras tanto, en Tierra-1, lo utilizamos para grabar docu-dramas sobre «bullying» y a John Galliano imitando a Sacha Baron Cohen después de cuatro vinos.

¿Quién es ese hombre?

Desde enero de 2006 hasta hoy, al menos 2.000 personas aseguran haber visto a este hombre en sus sueños, en muchas ciudades de todo el mundo: Los Angeles, Berlin, Sao Paulo, Tehran, Pekín, Roma, Barcelona, Estocolmo, Paris, New Dehli, Moscú, etc.

Así reza una de las primeras líneas de Ever dream this man?, un inquietante sitio web dedicado a recolectar testimonios de las miles de personas que dicen haber visto a este hombre en sus sueños desde hace cuatro años. Casos sin relación aparente y en distintas partes del mundo. La historia comienza en Nueva York, con una mujer dibujando la cara a un reputado psiquiatra. Meses después, otro paciente reconoce el dibujo dejado por aquella mujer. Y luego otro. Hasta cuatro. Hasta las 2.000 personas que lista el sitio. A partir de ahí, se inicia una búsqueda para intentar averiguar el origen de esta escalofriante figura. Hay incluso una galería de dibujos aún más siniestra, si eso es posible.

Aunque el sitio tiene todos los números para ser algún tipo de publicidad viral, no hay que negar que el golpe de efecto lo han conseguido. Sólo falta ver qué producto intenta vendernos this man.