Una y otra vez

La sexta entrega de Pesadilla en Elm Street tenía que ser la tumba cinematográfica de Freddy Krueger. La desaparición de uno de los grandes mitos del horror se planeó como una enorme fiesta (¡3D¡) que no podía esconder la intención de sus creadores, al menos sus creadores ejecutivos, New Line, de levantar a toda costa una saga que ellos mismos consideraban devaluada después de la (estupenda) cuarta parte y una errática quinta entrega. Y para conseguirlo estaban dispuestos a todo, incluso a sacrificarla.

Freddy murió en 1991 frente a millones de personas que reventaron las taquillas ante la evidencia de que el maestro del mal rollo onírico se marchaba para siempre. Lo malo es que la película no estaba a la altura de tamaña celebración y todo se resolvió de una manera muy influenciada por el psicoanálisis de la pradera y un poco de dinamita. La nueva secuela tardó solo tres años en llegar.

Fucked

Aunque las sucesivas apariciones de Krueger a lo largo de la saga habían acentuado su lado cómico, las pesadillas que acababan con la población adolescente de Springwood eran cada vez más elaboradas. Puede que Freddy se hubiese convertido en un bufón, pero estaba claro que sabía qué teclas pulsar para que sus víctimas comenzasen a tomar cucharadas soperas de café mezcladas con Coca-Cola en un intento de no dormirse. En el catálogo de torturas, entre las que rozaban la parodia, todavía había algunas que escarbaban en los miedos más profundos, con más o menos acierto. Concretamente, la cuarta y la última entrega poseían ambas dos pesadillas antológicas pese a su sencillez, dos microcumbres del desasosiego. En The Dream Master, Dan y Alice se ven atrapados en un bucle temporal sin poder ayudar a una amiga en peligro. En The Final Nightmare, es un mapa y sus infinitos plieges el que consigue acercarse el efecto de desasosiego que sentimos en nuestros peores sueños.

A la repetición como forma de terror instintiva y primaria ha querido llegar el cortometraje Too Many Cooks, una chaladura de Casper Kelly, habitual de Adult Swim y la que se ha convertido sensación de este mes en Internet. Un plano idílico e irreal como los los openings de las vetustas series de televisión se convierte en un espacio para la pesadilla. Una parodia que destroza cualquier expectativa cuando al desasosiego de la repetición se suma un horror tangible y todo comienza a volverse insoportablemente meta. Once minutos, una obra maestra.

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