Vidas Ejemplares

La invocación

Año 1995. La película que todo el mundo te dice que deberías ver –’¡Es tan buena que no parece española!’– es, a todas luces, una comedia, aunque tiene al menos un par de escenas terroríficas que se quedan grabadas entre tiros de bala y de ácido. En una de ellas, por una serie de razones loquísimas, un cura, un jevi y un ocultista italiano invocan al demonio siguiendo los pasos de un ritual publicado en un libro de dudosa eficacia mangado torpemente de unos grandes almacenes. La escena rebaja el tono humorístico y anticipa un tercer acto malsano gracias a una puesta en escena cargada de tensión que introduce uno de los mayores mitos de terror urbano –la cucaracha– y una cabra de andares demasiado verticales como para tramar algo bueno.

Aquella escena de El día de la bestia, como aprendería años más tarde gracias a una excelente colección de DVD de Manga, no era sino un magnífico homenaje a uno de los momentos clave The devil rides out, una de las muchas joyas en las que Terence Fischer dirigió a Christopher Lee y una de las pocas en las que su imponente figura no actuaba como principal antagonista. El descubrimiento de las películas de la Hammer fue un rito de paso, la iniciación al terror gótico para una generación de aficionados que nos criamos en la época posterior al cierre de los cines de programa doble y cuya cultura se basaba en la asimilación de los monstruos de la Universal por canales menos ortodoxos, como The Munsters; los mitos de finales de los 70 y los 80 –con sus icónicos Freddy Krueger y Chucky– por la vía del vídeo club y el revival del slasher a partir de Scream.

Christopher Lee estará siempre asociado a la figura de Drácula, pero en manos de Fisher fue también la Criatura creada por la fracturada mente de Victor Von Frankenstein, la Momia, Sherlock Holmes e incluso Sir Henry Baskerville. No se quedó ahí. También fue Lord Summerisle, el ambiguo profesor Driscoll de City of the Dead, Fu Manchú, Rasputín y adversario de James Bond, entre otros. Una extensa carrera –mucho más tarde vendrían los anillos, las galaxias y Tim Burton– que se acabó ayer y de la que, además de sus villanos más célebres, siempre recordaré a Nicholas, el educadísimo duque de Richelieu que se enfrentaba a un turbio remedo de Aleister Crowley de inquietantes ojos azules, aunque para ello tuviese que invocar él mismo a fuerzas ocultas difíciles de controlar. Una sobrecogedora escena que, sin yo saberlo, ya me había marcado muchos años antes.

Vidas Ejemplares: Screaming Lord Sutch (Especial Halloween)

La combinación de rock ‘n’ roll con imaginerí­a de terror es una opción que no por vieja deja de ser atractiva. Que le pregunten a los Cramps, los Misfits, Alice Cooper o Kiss si ahora mismo dispondrí­an de la categorí­a de leyenda si no hubiesen poseí­do una imagen tan impactante y reconocible, basada en una adaptación temática y estética de los postulados del cine y la literatura de terror.

David Edward Sutch, más conocido por su alias Screaming Lord Sutch, fue uno de los personajes más singulares surgidos de la escena musical británica de principios de los sesenta, mezclando el rock ‘n’ roll enérgico de Jerry Lee Lewis con una puesta en escena humorística y provocativa inspirada en el mundo del terror y lo macabro, o lo que se vino a denominar, shock rock. Su llamativa imagen, con extraños sombreros, ropa de leopardo, cabello largo y maquillaje mortuorio, causaron sensación en la época, aunque nunca gozó del éxito que él hubiese deseado.

Lord Sutch comenzó su carrera a finales de los cincuenta con la banda The Savages, un combo por donde irí­an desfilando músicos como Ritchie Blackmore o Nicky Hopkins en la múltiples formaciones que conoció. Su debut discográfico, ‘Till The Following Night (1961) era toda una carta de presentación del estilo por el que se le recuerda: una introducción ambiental evocando un cementerio, el ruido de un ataud que se abre, unos gritos desgarradores y …

When the shades of night are fallin’
And the moon is shining bright
In the center of a graveyard, in the middle of the night
I get outta my big-a long black coffin till the followin’ night…

La canción, producida por el genial Joe Meek, estaba fuertemente infuenciada por el estilo de Screamin’ Jay Hawkins, y está considerada el más inmediato precedente del Mayor Himno de Halloween Jamás Escrito, la adorable Monster Mash, con la que guarda no pocas similitudes.

Entre 1963 y 1966, Lord Sutch & The Savages lanzaron tres singles más: Jack The Ripper¹ (1963), también producido por Meek y que se ha convertido con el paso del tiempo en su tema más célebre; She’s Fallen In Love With A Monster Man² (1964), una de sus mejores canciones y la que marca el inicio de sus colaboraciones con Jimmy Page; Dracula’s Daughter (1964) y The Train Kept A Rollin’ (1966). En 1970, ya sin el acompañamiento de The Savages, Sutch eliminó el Screaming de su nombre artístico y grabó su primer álbum, Lord Sutch & Heavy Friends, producido por Jimmy Page y con la colaboración de músicos como Keith Moon (The Who) o Noel Reading (Jimmy Hendrix Experience). Aunque no abandonó las puestas en escena y las vestimentas excéntricas (se llegó a presentar como Lord Caesar Sutch & The Roman Empire), en esta segunda etapa dejó el shock rock de sus inicios para practicar un rock n roll más convencional. En 1972 grabó su último álbum de estudio The Hands Of Jack The Ripper, asentado principalmente en versiones de Chuck Berry, Little Richard y Jerry Lee Lewis. A partir de este álbum, las referencias discográficas de Sutch que se encuentran son recopilaciones y grabaciones en directo de sus años de gloria.

Al margen de sus chaladuras en el mundo del espectáculo, Lord Sutch fue un personaje popular a raíz de fundar su propio partido político, el demencialmente divertido The Official Monster Raving Loony Party en 1963. Sutch se presentó sistemáticamente a todas las elecciones con propuestas tan ridículas como poner ruedas al Parlamento para llevarlo hasta Escocia o construir parques de atracciones. Para redondear, en los todos mítines que realizaba vestía la misma ropa estrafalaria que utilizaba para sus conciertos.

Desgraciadamente, Sutch, al que todos consideraban un hombre alegre y con gran sentido del humor, sufría graves trastornos emocionales, pasando por periodos de profunda depresión. En 1999, un año después del fallecimiento de su madre, Sutch era encontrado ahorcado en su casa, un agrio final para el que fue el agitador más divertido de la música y la política británica del siglo pasado.

¹. El pasado año, la sensación gótico-garagera The Horrors versionaron el tema con bastante poca gracia. No contentos con eso, el resto de sus canciones son un refrito de los logros de Sutch y otras gentes mucho más respetables.

². Las españolas Undershakers también versionaron a Sutch en los noventa, y con más bastante más gracia que los putos Horrors.

*. Post recuperado del blog antiguo. ¿Resucitará esta vez como hizo el año pasado?

Vidas Ejemplares: Lucia Pamela

¿Cómo te imaginabas el año 2000? La cifra mágica, el cambio de milenio, el siglo 21 parecía algo de otro mundo hasta en 1999. La candorosa imaginación de la literatura y el cine de ciencia-ficción y la exagerada propaganda estadounidense de posguerra durante la carrera espacial hacía pensar que en el año 2000 todo sería diferente, el 2000 ERA el futuro.

La cantante estadounidense Lucia Pamela se imaginaba a si misma en el año 2000 en la luna, ni más ni menos, cantando y riendo con sus amigos. Una estampa encantadora si no tenemos en cuenta que esta misma mujer decía haber estado allí anteriormente, en 1969, y se había traído como recuerdo un disco grabado por ella misma. Into Outer Space With Lucia Pamela es uno de esos discos rodeados de una gran leyenda, promovida y aumentada por su autora. Lucía Pamela murió en junio de 2002 y ha quedado para la posteridad como una artista excéntrica a más no poder, dejando atrás una extraña historia donde se hace muy difícil ver los límites entre la verdad y la invención.

Nacida en St. Louis en 1904, hija de una concertista de piano bastante conocida en la ciudad, Lucia afirmaba que Ignace Paderewski (famoso compositor polaco que llegó a ser primer ministro) dijo que llegaría a ser la pianista más grande del mundo y que fue expulsada de un conservatorio por tener demasiado talento. Su vida pública comienza en 1062, cuando es elegida Miss St. Louis y comienza a dar conciertos en su ciudad natal. Más tarde viaja a Fresno (California), donde se hizo cargo del parque de atracciones Fresno Storyland y se encargó de presentar dos programas de radio dirigidos a mujeres jóvenes. Fue también en Fresno donde formó su primera banda, Lucia Pamela and the Musical Pirates, considerada la primera banda country formada exclusivamente por mujeres. Más tarde, formó duo con su hija Georgia bajo el nombre de The Pamela Sisters. Como detalle curioso, reseñar que en la actualidad su hija no se dedica al negocio de la música, sino al más rentable mundo de los deportes. Concretamente es la dueña de los St. Louis Rams, casi nada.

Lucia Pamela solo dejó registrado un disco en vida, y le bastó. En 1969 contactó con Gulfstream, un pequeño sello afincado en Florida, para editar unas pocas copias de un álbum que ella misma había compuesto. El álbum en cuestión narraba la historia del viaje de Lucia, sus familiares y amigos a la Luna. Into Outer Space With Lucia Pamela no es un disco fácil. Es casi imposible acercarse a él sin conocer la historia que lo rodea y sentirse condicionado por las extrañas circunstancias que rodearon la gestación de su obra. Canciones sobre indios, vacas, hombres-cacahuete, todos ellos habitantes de la luna, envueltas en un sonido inquietante y , ciertamente, de otro mundo (aunque la cantante no había quedado muy satisfecha con la acustica lunar: The air is so thin everything sounds different up there), muy parecido al que consiguió Joe Meek en su álbum I Hear A New World, otra fantasía futurista gestada años antes por el genial productor británico que, a buen seguro, tuvo algún tipo de influéncia en el sonido y el concepto del disco de Lucia Pamela. En 1992 la discográfica independiente Arf! Arf! editó el disco en formato digital, ya que las pocas copias originales soy hoy prácticamente inencontrables.

Como complemento a la escucha de este bizarro disco, desde la web Al Hail Lucia Pamela! se puede descargar un demencial libro infantil para colorear realizado por la propia Lucia Pamela, donde cuenta, al igual que en el disco, su viaje a la Luna y todo lo que allí encontró.

Vidas Ejemplares: Hal Blaine

En el universo Spinal Tap se las gastaban de esta manera:

Que los bateristas son un cero a la izquierda del rock and roll es un hecho comunmente aceptado. De su mismo nombre se desprende que son unos tipos grises que se esconden tras su instrumento al fondo de un escenario y que no pasan de un segundo o tercer plano en las fotos promocionales. Además, su puesto está sujeto a constantes cambios cuando no es una profesión de alto riesgo que suele acarrear una muerte prematura y ridícula.

Mientras tanto, en el mundo real, la opinión sobre los bateristas no era mucho mejor (ni tan divertida, claro está). Algunos ejemplos han quedado como grandes leyendas para la música popular: Keith Moon, más por méritos extramusicales y John Bonham porque todo lo que atañe a Led Zeppelin es como que muy mítico. En resumen, se podría decir que todo es inherente a la época, puesto que en los 70 el rock consistía básicamente en ver quien lo tenía y hacía todo más grande.

HalAunque no suela aparecer en esas fútiles listas destinadas a reconocer al mejor baterista de todos los tiempos, Hal Blaine puede presumir de haber participado en la grabación de algunas de las mejores canciones de la historia, amén de ser el artífice de la introducción de batería más famosa e imitada del mundo. Solo por Be My Baby y su respuesta masculina, Don’t Worry Baby, Blaine se merece cada una de las loas que se le puedan lanzar, pero el resto de la lista de producciones que han contado con sus servicios es simplemente apabullante: Surf City, Mr. Tambourine Man, These Boots are made for walking, Good Vibrations, I Got You Babe, Mrs. Robinson; casi se podría decir sin exagerar que con las canciones en que ha participado se podría armar un Best Of The 60’s sin que nadie echase de menos un solo tema. Para acabar de redondear su leyenda, y como mandan los cánones del secundario de lujo, sus incursiones en solitario son poco más que intentos ridículos de sobreponerse a una gloria en la sombra que, por otro, lado no debería dejar indiferente a nadie, aunque solo sea por darle el valor de estar en el momento adecuado en los estudios donde se estaba dando forma a la mejor música del mundo.

Y AÚN HAY MÁS, OIGA: una (bastante completa) lista de canciones que han usado para beneficio propio la introducción de Be My Baby.