Archivos por categoría: Música

Ohhhhh, in silence.

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No se me ocurre menor manera que homenajear a Ian Curtis en el 30 aniversario de su muerte que la de reivindicar la obra maestra que coloco más abajo, sólo un poco por debajo de 24 Hour Party People, pero muy por encima de Control.

Loaf Will Tear Us Apart (Otro filete conmovedor) from J. Recordable on Vimeo.

Filete conmovedor, que grande fuiste.

Desde el corazón de la ciudad

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Hace menos de una semana volví a ver Control para intentar mitigar mi ansia después de la pataleta inicial. Imposible.

Pese a que sigue teniendo innegables, aunque pocas, virtudes; el culto ciego que sigue generando me hace radicalizarme en mis opiniones y de paso, defecar en el grueso de fanáticos de Joy Division, que son incapaces de formarse una opinión subjetiva del film por su implicación con la ¿historia? del grupo. Y no, no me vale lo de que «la banda sonora es inmejorable».

Escupida la rabia, y aunque cualquier día es bueno para reivindicar a Joy Division (a Joy Division, no a Ian Curtis, ojito), hoy lo es un poco más porque su primogénito cumple nada menos que treinta añazos. El considerado como uno de los mejores debuts de la Historia sigue arrebatador, visceral y apestando todavía al asfalto y al humo de las ciudades más feas del mundo. Con una Collector’s Edition aun caliente es poco probable que el álbum se relance con motivo de este aniversario pero, ¡eh!, esa dama codiciosa llamada Industria todavía puede sorprender con otro remaster para intentar sacarle ese maravilloso sonido a óxido. Sea como fuere, ámenlo ustedes como se merece, es una orden.

¡¡BONUS!!CREA TU PROPIA PORTADA DE UNKNOWN PLEASURES Si el disco ha llegado a pasar a la historia ha sido gracias también a su portada, los cien pulsos del primer pulsar descubiertos y ripeados de la Enciclopedia Astronómica de Cambrigde. Un icono cien millones de veces reproducido, ya sea en camisetas, zapatillas o en un feísimo reproductor Zune como se puede observar más arriba, y con el que se puede jugar en esta página para componer una variación del original.

Animal House

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¿Peligroso delincuente o Robin Hood musical?

Greg Gillis a.k.a Girl Talk ha publicado uno de los discos que, si existe la justicia, estará entre los mejores de 2008. Así de simple.

Aunque el álbum está disponible para descargar a precio voluntario desde junio, es ahora cuando los que decidimos pagar por él estamos recibiendo las copias físicas. Fetichismos personales a parte, Feed The Animals, por si alguien todavía no lo sabe, es el cuarto álbum de Girl Talk. Si tuviese la oportunidad de llegar a las tiendas posiblemente se convertiría en un disco superventas, pero existe un pequeño problema. Para que el trabajo se lanzase de forma ordinaria tendrían que pasar varios años y pagarse miles (e incluso millones) de dólares en concepto de derechos de autor, ya que está compuesto exclusivamente por más de 200 fragmentos de música popular archifamosa. Y sin pagar un solo dolar, por supuesto.

Feed The Animals es un disco que abraza la diversión de frente, un party album de primer orden que además funciona a muchos otros niveles. El primero es claramente el elemento subversivo que, además, es el que le ha hecho famoso. Merece ser destacado el hecho de que mientras las autoridades de medio mundo insisten en que la violación de los derechos de autor es peor que una violación a secas, Gillis base TODA su producción musical en llevar al límite la filosofía del sampleo autoimponiéndose como regla no utilizar material que no haya sido registrado anteriormente. Feed The Animals se presenta también como un disco educativo en lo musical, destinado a despertar la curiosidad de quien lo escuche por las fuentes originales rizando un poco más el rizo. Un ejemplo bastante sutil: En el cuarto corte del disco (What It’s All About) uno de los samples reconocibles viene del tema Here Comes The Hotstepper, el famoso «na na na na na.. », un éxito de Ini Kamoze famoso por aparecer en Prêt-à-Porter de Robert Altman. Gillis da una vuelta de tuerca más introduciéndo la fuente original, el mayúsculo hit de Willson Picket Land Of A Thousand Dances. Este último aspecto puede funcionar incluso como juego, haciendo que escuchar el disco se convierta en una divertida caza al fragmento amigo y abre todo un abanico de posibilidades para el estudio o el simple entretenimiento. ¿Ejemplos? En esta página han publicado un extenso estudio sobre la procedencia de los samples (los reconocibles) y el espacio que ocupan todos ellos en cada una de las pistas del disco. ¿Otro? En Youtube existen varios videos de aficionados que fusionan los clips al estilo MTV Mashup siguiendo las pistas de Feed The Animals, perpetuando así las ya de por sí múltiples violaciones de copyright.

Por último, aunque no menos importante, Feed The Animals da en todo los morros a toda la post-modernidad, al culto a lo «tan malo que resulta bueno» y borra de un plumazo cualquier atisbo de ironía dejando en ridículo a quienes intentan catalogar entre lo que es buena o mala música. Y da igual que el sample provenga de Radiohead, Rihanna, Kelly Clarkson, Metallica o «El Tiburón», todo es aprovechable si de descontextualiza correctamente. Gillis no es un pionero, ni mucho menos, ahí estuvieron el Grey Álbum de Danger Mouse o el Sgt. Petsound’s Lonely Hearts Club Band, pero en estos dos últimos la actuación estaba acotada a dos fuentes. Y el material usado, además, provenía de la alta aristocracia de la música popular.

Y TODAVÍA HAY MÁS

Good Copy Bad Copy, documental de 2007 sobre derechos de autor protagonizado por nuestro dj/delincuente favorito de Pittsburgh.

1. actualización 23:28 / El muy recomendable Emperador de los Helados ha elegido también el día de hoy dar su visión sobre Feed The Animals. Ya saben que es un sabio, así que echen un vistazo ahora mismo. Es una orden

Vidas Ejemplares: Screaming Lord Sutch (Especial Halloween)

Written by Jose. Filed under General, Música, Vidas Ejemplares. 1 Comment.

La combinación de rock ‘n’ roll con imaginerí­a de terror es una opción que no por vieja deja de ser atractiva. Que le pregunten a los Cramps, los Misfits, Alice Cooper o Kiss si ahora mismo dispondrí­an de la categorí­a de leyenda si no hubiesen poseí­do una imagen tan impactante y reconocible, basada en una adaptación temática y estética de los postulados del cine y la literatura de terror.

David Edward Sutch, más conocido por su alias Screaming Lord Sutch, fue uno de los personajes más singulares surgidos de la escena musical británica de principios de los sesenta, mezclando el rock ‘n’ roll enérgico de Jerry Lee Lewis con una puesta en escena humorística y provocativa inspirada en el mundo del terror y lo macabro, o lo que se vino a denominar, shock rock. Su llamativa imagen, con extraños sombreros, ropa de leopardo, cabello largo y maquillaje mortuorio, causaron sensación en la época, aunque nunca gozó del éxito que él hubiese deseado.

Lord Sutch comenzó su carrera a finales de los cincuenta con la banda The Savages, un combo por donde irí­an desfilando músicos como Ritchie Blackmore o Nicky Hopkins en la múltiples formaciones que conoció. Su debut discográfico, ‘Till The Following Night (1961) era toda una carta de presentación del estilo por el que se le recuerda: una introducción ambiental evocando un cementerio, el ruido de un ataud que se abre, unos gritos desgarradores y …

When the shades of night are fallin’
And the moon is shining bright
In the center of a graveyard, in the middle of the night
I get outta my big-a long black coffin till the followin’ night…

La canción, producida por el genial Joe Meek, estaba fuertemente infuenciada por el estilo de Screamin’ Jay Hawkins, y está considerada el más inmediato precedente del Mayor Himno de Halloween Jamás Escrito, la adorable Monster Mash, con la que guarda no pocas similitudes.

Entre 1963 y 1966, Lord Sutch & The Savages lanzaron tres singles más: Jack The Ripper¹ (1963), también producido por Meek y que se ha convertido con el paso del tiempo en su tema más célebre; She’s Fallen In Love With A Monster Man² (1964), una de sus mejores canciones y la que marca el inicio de sus colaboraciones con Jimmy Page; Dracula’s Daughter (1964) y The Train Kept A Rollin’ (1966). En 1970, ya sin el acompañamiento de The Savages, Sutch eliminó el Screaming de su nombre artístico y grabó su primer álbum, Lord Sutch & Heavy Friends, producido por Jimmy Page y con la colaboración de músicos como Keith Moon (The Who) o Noel Reading (Jimmy Hendrix Experience). Aunque no abandonó las puestas en escena y las vestimentas excéntricas (se llegó a presentar como Lord Caesar Sutch & The Roman Empire), en esta segunda etapa dejó el shock rock de sus inicios para practicar un rock n roll más convencional. En 1972 grabó su último álbum de estudio The Hands Of Jack The Ripper, asentado principalmente en versiones de Chuck Berry, Little Richard y Jerry Lee Lewis. A partir de este álbum, las referencias discográficas de Sutch que se encuentran son recopilaciones y grabaciones en directo de sus años de gloria.

Al margen de sus chaladuras en el mundo del espectáculo, Lord Sutch fue un personaje popular a raíz de fundar su propio partido político, el demencialmente divertido The Official Monster Raving Loony Party en 1963. Sutch se presentó sistemáticamente a todas las elecciones con propuestas tan ridículas como poner ruedas al Parlamento para llevarlo hasta Escocia o construir parques de atracciones. Para redondear, en los todos mítines que realizaba vestía la misma ropa estrafalaria que utilizaba para sus conciertos.

Desgraciadamente, Sutch, al que todos consideraban un hombre alegre y con gran sentido del humor, sufría graves trastornos emocionales, pasando por periodos de profunda depresión. En 1999, un año después del fallecimiento de su madre, Sutch era encontrado ahorcado en su casa, un agrio final para el que fue el agitador más divertido de la música y la política británica del siglo pasado.

¹. El pasado año, la sensación gótico-garagera The Horrors versionaron el tema con bastante poca gracia. No contentos con eso, el resto de sus canciones son un refrito de los logros de Sutch y otras gentes mucho más respetables.

². Las españolas Undershakers también versionaron a Sutch en los noventa, y con más bastante más gracia que los putos Horrors.

*. Post recuperado del blog antiguo. ¿Resucitará esta vez como hizo el año pasado?

3-5-0-1-2-5, Go!

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EL próximo 5 de noviembre, la distribuidora Avalon edita por fin en España el documental Joy Division de Grant Gee, una aséptica y concisa mirada a la breve trayectoria del grupo de Manchester. Sin llegar al nivel de otros documentales musicales producidos en los últimos años (y editados por la misma distribuidora), la cinta de Gee, junto con 24 Hour Party People y la irregular y no estrenada en España Control, viene a completar lo que ya podríamos llamar el tríptico cinematográfico de Joy Division: la Verdad, el Mito y la Película Que Todo el Mundo Quería Ver.

La primera duda que surge tras visionar el biopic de Anton Corbijn es si esta historia merece una película. La vida cotidiana de una mediana estrella de rock, sus tribulaciones amorosas y su enfermedad mental chocan de frente con la voluntad de hacer una rock movie canónica con el universo de Joy Division. Está claro, obviamente, que se encuentra en el extremo totalmente opuesto a otras historias del rock n roll basadas en personajes reales como Velvet Goldmine o Casi Famosos, centradas únicamente en los mitos que han rodeado a esos músicos. La denostada cinta de Todd Haynes, por ejemplo, modelaba una serie de leyendas urbanas para dibujar una historia de amor clásica y predecible, pero articulada de una forma muy original a base de estereotipos de la era del glam y un arrollador estilo visual. Ya nos sabemos todos la frase de elegir la verdad o la leyenda. Control quiere ser la verdad, pero se queda a mitad de camino.

En primer lugar, dejando claro que no es una mala película del todo, Control es increíblemente tramposa. Corbijn diseña con tiralíneas un film destinado a gustar, y mucho, al fan medio de Joy Division, intentando empatizar desesperadamente de una forma que le dejan muy cerca de lo que hubiese hecho con la misma historia una tal Sofia Coppola. En primer lugar, el blanco y negro. Sin entrar en los ambientes oscuros por los que discurre la mayor parte del legado musical de la banda (su condición de proto-siniestros), el inconsciente colectivo de admiradores de Joy Division tiene grabadas a fuego las instantáneas de la banda de Manchester realizadas por el mismo Corbijn en blanco y negro, lo que confiere a la película una sensación de falso realismo, de que lo que está contando es lo que realmente sucedió.

La perspectiva que no hay que perder nunca de vista con Control es que ofrece una visión sesgada de la historia: la de una ama de casa abandonada por un marido de personalidad compleja y con problemas mentales cada vez más imbuido en la vida de la estrella de rock. Una vida que, además, la película se niega a mostrar íntegramente. Es una lástima que la película se quiera hacer interesante en todo aquello que la célebre viuda no llegó a conocer: su grupo, su amante y todo lo que atormentaba a su cabeza. La película se da, además, de bruces con el respeto y la complacencia hacia la figura del rockero muerto. La personalidad de Ian se muestra terriblemente delimitada únicamente en su tormento amoroso. Control elude, por poner un ejemplo, anécdotas documentadas de lo increiblemente celoso y violento que podía llegar a ser Curtis y la desazón que provocaba en Deborah saber que su marido era capaz de estar con otras mujeres mientras que con dirigir la palabra a un hombre podía despertar la ira de su esposo.

En lo que si que acierta la película es en trasladar la angustia de la protagonista, ya que a estas alturas debería quedar claro que el personaje principal en esta obra es la señora de Curtis. Cuando se encuentra embarazada y humillada por no poder entrar en un concierto de su marido, el rostro de Samantha Morton si que consigue reflejar el drama en que está inmersa Deborah. El resto de personajes de la cinta, sus compañeros de grupo principalmente, quedan sin dibujar completamente pese a que se durante todo el metraje intuye lo que todo fan de Joy Division sabe: que no tenían por Ian un cariño, digamos, especial. Este mismo hecho quedaba patente en 24 Hour Party People de una manera más sencilla y demoledoramente efectiva: Peter Hook le quita a Ian un paquete de tabaco en pleno ataque epiléptico sin inmutarse ante los espasmos de su compañero. Crudo y simple.