A vueltas con los símbolos

La foto que se ve más abajo es el logotipo con el que se ha publicitado la apertura, la semana pasada, de la delegación -vamos a llamarlo así- del club NASTI en Valencia. El concepto es sencillo hasta decir basta: la misma tipografía utilizada por NASTI (club madrileño de sobra conocido), pero rellena con los colores de la bandera comunitaria. Si el diseño, el buen diseño, se basa en la inmediatez y la claridad, esto es un prodigio de sencillez: es el NASTI de Valencia.

nastivlcLa cosa, obviamente, no acaba aquí. Durante las semanas de promoción del nuevo club, por las calles han aparecido carteles arrancados o con insultos grafiteados encima. Incluso se ha increpado a las personas que colocaban la publicidad por toda Valencia. ¿El motivo? La bandera utilizada para rellenar el logotipo es un símbolo. No voy a aburrir con cuestiones políticas porque este no es el sitio, pero resumiendo: la senyera con el ribete azul, pese a ser la bandera autonómica, es señalada como símbolo fascista y rechazada por la inmensa mayoría de los nacionalistas valencianos y partidos de izquierda. Si nos guiamos únicamente por el diseño, dejando a un lado las cuestiones políticas, la utilización de la senyera catalana (sin el ribete azul) no trasmitiría tan bien el mensaje del logotipo. ¿El resultado? Que se hable de él, aunque sea para mal, y mucha, mucha publicidad gratuita.

Todo esto viene por unas semanas en que la utilización de los símbolos, para bien o para mal, está en boca de todos los sectores políticos. Homenajes a la bandera, quema de fotos del monarca y demás manifestaciones que lo único que revelan es que la política, como cualquier otra cosa en la vida, es susceptible de ser engullido por una moda. La utilización de la simbología está supeditada al significado que cada uno quiera darle, y aquí es donde entramos en la asociación entre el continente y el contenido, en la apropiación de símbolos con fines diferentes a los que comunmente se asocian. El situacionismo, si nos queremos poner académicos.

La pasada semana, en los informativos de Antena 3, se hablaba del comunismo chic en China y de como se comercializa con los símbolos del régimen convirtiendolos en objetos de diseño preparados para el consumo. Algo parecido pasa en Alemana con la Rote Armee Fraktion, el grupo terrorista más conocido como Baader-Meinhof. Si lo miramos desde el punto de vista del diseño, no me extraña nada, puesto que la iconografía comunista es, además de poderosa, enormemente atractiva pese al contenido de la misma. Lo mismo se puede aplicar a la iconografía del nazismo, pero en este caso, estos símbolos tienen muy mala literatura y aunque a mí me encantaría, dudo mucho que podamos ver camisetas con esvásticas en las tiendas de souvenirs para turistas de toda Alemania. Puede parecer un cinismo, pero la destrucción de los símbolos está en su descontextualización y esto es totalmente cierto. ¿Quién se puede tomar en serio el anarquismo después de los Sex Pistols? ¿O el satanismo después de esto? En la comercialización y popularización está el fin de los contenidos: el culto a Charles Manson, el Ché Guevara o las camisetas de los Ramones, y lo que a cada uno le parezca el continente es, digamos, otro asunto bien distinto.

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