Monthly Archives: octubre 2008

Feliz Halloween

Mañana me toca trabajar. A causa de un hecho tan insignificante, este va a ser el primer Halloween que pase en casa en varios años.

Sin disfraces, sin alcohol.

Lejos de ser del todo malo, me he provisto de palomitas y muy buenas recomendaciones de cine para pasar una velada terrorificamente entretenida. Estaré solo, un hecho que suele atraer a los psicópatas y entes sobrenaturales que campan a sus anchas estos días, pero no se lleven a engaño. Lo que de verdad, de VERDAD, me da miedo es tener que madrugar mañana.

¡¡Feliz Halloweeeeen!!

Vidas Ejemplares: Screaming Lord Sutch (Especial Halloween)

La combinación de rock ‘n’ roll con imaginerí­a de terror es una opción que no por vieja deja de ser atractiva. Que le pregunten a los Cramps, los Misfits, Alice Cooper o Kiss si ahora mismo dispondrí­an de la categorí­a de leyenda si no hubiesen poseí­do una imagen tan impactante y reconocible, basada en una adaptación temática y estética de los postulados del cine y la literatura de terror.

David Edward Sutch, más conocido por su alias Screaming Lord Sutch, fue uno de los personajes más singulares surgidos de la escena musical británica de principios de los sesenta, mezclando el rock ‘n’ roll enérgico de Jerry Lee Lewis con una puesta en escena humorística y provocativa inspirada en el mundo del terror y lo macabro, o lo que se vino a denominar, shock rock. Su llamativa imagen, con extraños sombreros, ropa de leopardo, cabello largo y maquillaje mortuorio, causaron sensación en la época, aunque nunca gozó del éxito que él hubiese deseado.

Lord Sutch comenzó su carrera a finales de los cincuenta con la banda The Savages, un combo por donde irí­an desfilando músicos como Ritchie Blackmore o Nicky Hopkins en la múltiples formaciones que conoció. Su debut discográfico, ‘Till The Following Night (1961) era toda una carta de presentación del estilo por el que se le recuerda: una introducción ambiental evocando un cementerio, el ruido de un ataud que se abre, unos gritos desgarradores y …

When the shades of night are fallin’
And the moon is shining bright
In the center of a graveyard, in the middle of the night
I get outta my big-a long black coffin till the followin’ night…

La canción, producida por el genial Joe Meek, estaba fuertemente infuenciada por el estilo de Screamin’ Jay Hawkins, y está considerada el más inmediato precedente del Mayor Himno de Halloween Jamás Escrito, la adorable Monster Mash, con la que guarda no pocas similitudes.

Entre 1963 y 1966, Lord Sutch & The Savages lanzaron tres singles más: Jack The Ripper¹ (1963), también producido por Meek y que se ha convertido con el paso del tiempo en su tema más célebre; She’s Fallen In Love With A Monster Man² (1964), una de sus mejores canciones y la que marca el inicio de sus colaboraciones con Jimmy Page; Dracula’s Daughter (1964) y The Train Kept A Rollin’ (1966). En 1970, ya sin el acompañamiento de The Savages, Sutch eliminó el Screaming de su nombre artístico y grabó su primer álbum, Lord Sutch & Heavy Friends, producido por Jimmy Page y con la colaboración de músicos como Keith Moon (The Who) o Noel Reading (Jimmy Hendrix Experience). Aunque no abandonó las puestas en escena y las vestimentas excéntricas (se llegó a presentar como Lord Caesar Sutch & The Roman Empire), en esta segunda etapa dejó el shock rock de sus inicios para practicar un rock n roll más convencional. En 1972 grabó su último álbum de estudio The Hands Of Jack The Ripper, asentado principalmente en versiones de Chuck Berry, Little Richard y Jerry Lee Lewis. A partir de este álbum, las referencias discográficas de Sutch que se encuentran son recopilaciones y grabaciones en directo de sus años de gloria.

Al margen de sus chaladuras en el mundo del espectáculo, Lord Sutch fue un personaje popular a raíz de fundar su propio partido político, el demencialmente divertido The Official Monster Raving Loony Party en 1963. Sutch se presentó sistemáticamente a todas las elecciones con propuestas tan ridículas como poner ruedas al Parlamento para llevarlo hasta Escocia o construir parques de atracciones. Para redondear, en los todos mítines que realizaba vestía la misma ropa estrafalaria que utilizaba para sus conciertos.

Desgraciadamente, Sutch, al que todos consideraban un hombre alegre y con gran sentido del humor, sufría graves trastornos emocionales, pasando por periodos de profunda depresión. En 1999, un año después del fallecimiento de su madre, Sutch era encontrado ahorcado en su casa, un agrio final para el que fue el agitador más divertido de la música y la política británica del siglo pasado.

¹. El pasado año, la sensación gótico-garagera The Horrors versionaron el tema con bastante poca gracia. No contentos con eso, el resto de sus canciones son un refrito de los logros de Sutch y otras gentes mucho más respetables.

². Las españolas Undershakers también versionaron a Sutch en los noventa, y con más bastante más gracia que los putos Horrors.

*. Post recuperado del blog antiguo. ¿Resucitará esta vez como hizo el año pasado?

3-5-0-1-2-5, Go!

EL próximo 5 de noviembre, la distribuidora Avalon edita por fin en España el documental Joy Division de Grant Gee, una aséptica y concisa mirada a la breve trayectoria del grupo de Manchester. Sin llegar al nivel de otros documentales musicales producidos en los últimos años (y editados por la misma distribuidora), la cinta de Gee, junto con 24 Hour Party People y la irregular y no estrenada en España Control, viene a completar lo que ya podríamos llamar el tríptico cinematográfico de Joy Division: la Verdad, el Mito y la Película Que Todo el Mundo Quería Ver.

La primera duda que surge tras visionar el biopic de Anton Corbijn es si esta historia merece una película. La vida cotidiana de una mediana estrella de rock, sus tribulaciones amorosas y su enfermedad mental chocan de frente con la voluntad de hacer una rock movie canónica con el universo de Joy Division. Está claro, obviamente, que se encuentra en el extremo totalmente opuesto a otras historias del rock n roll basadas en personajes reales como Velvet Goldmine o Casi Famosos, centradas únicamente en los mitos que han rodeado a esos músicos. La denostada cinta de Todd Haynes, por ejemplo, modelaba una serie de leyendas urbanas para dibujar una historia de amor clásica y predecible, pero articulada de una forma muy original a base de estereotipos de la era del glam y un arrollador estilo visual. Ya nos sabemos todos la frase de elegir la verdad o la leyenda. Control quiere ser la verdad, pero se queda a mitad de camino.

En primer lugar, dejando claro que no es una mala película del todo, Control es increíblemente tramposa. Corbijn diseña con tiralíneas un film destinado a gustar, y mucho, al fan medio de Joy Division, intentando empatizar desesperadamente de una forma que le dejan muy cerca de lo que hubiese hecho con la misma historia una tal Sofia Coppola. En primer lugar, el blanco y negro. Sin entrar en los ambientes oscuros por los que discurre la mayor parte del legado musical de la banda (su condición de proto-siniestros), el inconsciente colectivo de admiradores de Joy Division tiene grabadas a fuego las instantáneas de la banda de Manchester realizadas por el mismo Corbijn en blanco y negro, lo que confiere a la película una sensación de falso realismo, de que lo que está contando es lo que realmente sucedió.

La perspectiva que no hay que perder nunca de vista con Control es que ofrece una visión sesgada de la historia: la de una ama de casa abandonada por un marido de personalidad compleja y con problemas mentales cada vez más imbuido en la vida de la estrella de rock. Una vida que, además, la película se niega a mostrar íntegramente. Es una lástima que la película se quiera hacer interesante en todo aquello que la célebre viuda no llegó a conocer: su grupo, su amante y todo lo que atormentaba a su cabeza. La película se da, además, de bruces con el respeto y la complacencia hacia la figura del rockero muerto. La personalidad de Ian se muestra terriblemente delimitada únicamente en su tormento amoroso. Control elude, por poner un ejemplo, anécdotas documentadas de lo increiblemente celoso y violento que podía llegar a ser Curtis y la desazón que provocaba en Deborah saber que su marido era capaz de estar con otras mujeres mientras que con dirigir la palabra a un hombre podía despertar la ira de su esposo.

En lo que si que acierta la película es en trasladar la angustia de la protagonista, ya que a estas alturas debería quedar claro que el personaje principal en esta obra es la señora de Curtis. Cuando se encuentra embarazada y humillada por no poder entrar en un concierto de su marido, el rostro de Samantha Morton si que consigue reflejar el drama en que está inmersa Deborah. El resto de personajes de la cinta, sus compañeros de grupo principalmente, quedan sin dibujar completamente pese a que se durante todo el metraje intuye lo que todo fan de Joy Division sabe: que no tenían por Ian un cariño, digamos, especial. Este mismo hecho quedaba patente en 24 Hour Party People de una manera más sencilla y demoledoramente efectiva: Peter Hook le quita a Ian un paquete de tabaco en pleno ataque epiléptico sin inmutarse ante los espasmos de su compañero. Crudo y simple.

Vidas Ejemplares: Lucia Pamela

¿Cómo te imaginabas el año 2000? La cifra mágica, el cambio de milenio, el siglo 21 parecía algo de otro mundo hasta en 1999. La candorosa imaginación de la literatura y el cine de ciencia-ficción y la exagerada propaganda estadounidense de posguerra durante la carrera espacial hacía pensar que en el año 2000 todo sería diferente, el 2000 ERA el futuro.

La cantante estadounidense Lucia Pamela se imaginaba a si misma en el año 2000 en la luna, ni más ni menos, cantando y riendo con sus amigos. Una estampa encantadora si no tenemos en cuenta que esta misma mujer decía haber estado allí anteriormente, en 1969, y se había traído como recuerdo un disco grabado por ella misma. Into Outer Space With Lucia Pamela es uno de esos discos rodeados de una gran leyenda, promovida y aumentada por su autora. Lucía Pamela murió en junio de 2002 y ha quedado para la posteridad como una artista excéntrica a más no poder, dejando atrás una extraña historia donde se hace muy difícil ver los límites entre la verdad y la invención.

Nacida en St. Louis en 1904, hija de una concertista de piano bastante conocida en la ciudad, Lucia afirmaba que Ignace Paderewski (famoso compositor polaco que llegó a ser primer ministro) dijo que llegaría a ser la pianista más grande del mundo y que fue expulsada de un conservatorio por tener demasiado talento. Su vida pública comienza en 1062, cuando es elegida Miss St. Louis y comienza a dar conciertos en su ciudad natal. Más tarde viaja a Fresno (California), donde se hizo cargo del parque de atracciones Fresno Storyland y se encargó de presentar dos programas de radio dirigidos a mujeres jóvenes. Fue también en Fresno donde formó su primera banda, Lucia Pamela and the Musical Pirates, considerada la primera banda country formada exclusivamente por mujeres. Más tarde, formó duo con su hija Georgia bajo el nombre de The Pamela Sisters. Como detalle curioso, reseñar que en la actualidad su hija no se dedica al negocio de la música, sino al más rentable mundo de los deportes. Concretamente es la dueña de los St. Louis Rams, casi nada.

Lucia Pamela solo dejó registrado un disco en vida, y le bastó. En 1969 contactó con Gulfstream, un pequeño sello afincado en Florida, para editar unas pocas copias de un álbum que ella misma había compuesto. El álbum en cuestión narraba la historia del viaje de Lucia, sus familiares y amigos a la Luna. Into Outer Space With Lucia Pamela no es un disco fácil. Es casi imposible acercarse a él sin conocer la historia que lo rodea y sentirse condicionado por las extrañas circunstancias que rodearon la gestación de su obra. Canciones sobre indios, vacas, hombres-cacahuete, todos ellos habitantes de la luna, envueltas en un sonido inquietante y , ciertamente, de otro mundo (aunque la cantante no había quedado muy satisfecha con la acustica lunar: The air is so thin everything sounds different up there), muy parecido al que consiguió Joe Meek en su álbum I Hear A New World, otra fantasía futurista gestada años antes por el genial productor británico que, a buen seguro, tuvo algún tipo de influéncia en el sonido y el concepto del disco de Lucia Pamela. En 1992 la discográfica independiente Arf! Arf! editó el disco en formato digital, ya que las pocas copias originales soy hoy prácticamente inencontrables.

Como complemento a la escucha de este bizarro disco, desde la web Al Hail Lucia Pamela! se puede descargar un demencial libro infantil para colorear realizado por la propia Lucia Pamela, donde cuenta, al igual que en el disco, su viaje a la Luna y todo lo que allí encontró.